31 de julio de 2014

Diario de una Fat Girl #3

¡Hola corazones!


Hoy le toca el turno de nuevo a las personas. Esta vez a los adultos, esos que ya rondan la tercera edad, como pueden ser nuestros abuelos o esos familiares que te ven de uvas a peras y cuando te los encuentras te dicen:
—Oye, te veo más gordita.
(Usan el diminutivo para suavizarlo, sin embargo dentro de sus cabezas te están llamando FOCA; CACHALOTE Y BALLENATO).
Y tú, mientras piensas en toda su familia, te cagas en toda su casta y acumulas mierda para cagarte en su puta estampa, sonríes forzadamente para que no se note que en realidad cogerías la Katana de Kill Bill que le regalaste a tu novio para su cumpleaños, dispuesta a degollarla, y ella te devuelve la sonrisa con un rastro de maldad en su mirada.
—Yo me he pasado todo el año a dieta, ¿sabes?. Ahora estoy estupenda.
(Sí, estupenda pero arrugada, ¿quieres un pin?, piensas tú con la rabia que crece en el interior de tu ser)
—¡Mira qué bien!
Respondes con todo el sarcasmo que estás a punto de vomitar en su cara.
Esa es la única conversación que tienes con esa persona que ves de uvas a peras, luego toca el momento de la comida familiar, y por su puñetera culpa, pareces un pajarillo, dejándote el pedazo de entrecot que te has pedido, comiéndote la cabeza porque eso te va a engordar veinte kilos. 
Lo preferible hubiera sido un ¿Hola qué tal? ¿Cómo va todo? Pero claro, el ser humano va a degollar víctimas más débiles. Se prepara como un León de los que Felix Rodriguez de la Fuente grababa para sus documentales, fija la vista en su presa y ¡zas! ¡Al ataquerrrrrrrrrr!
Intentas que no te afecte, te escondes detrás de una sonrisa que esta llena de ira y rabia. Cuando te separas de esa persona, llegas a tu casa y la obsesión que creías erradicada, aparece de nuevo. Te sientes insegura y vuelves al ataque con esa dieta que sabes que no vas ha hacer por perra.
Sí,  eso me ha pasado cientos de veces. ¡Cuántos Lunes he empezado dietas, y cuántos por la noche ya la he dejado! Y no, la débil no soy yo. La culpa es de la gente que te come la cabeza, porque muchas veces con mi gordura he sido feliz, hasta que el gilipollas de turno ha llegado para llamarme GORDA una vez más, y los remordimientos por comer aparecían atormentando mi apacible descanso nocturno y diurno.

Después, cuando una vez más, empiezas oooooooootra dieta, del millón que has probado ya, adelgazas. Pierdes una barbaridad de kilos, y por casualidades de la vida en el que la familia se reencuentra, vuelves a ver a la tocapelotas que la última vez te llamó gorda.

Sin embargo esta vez, se acerca sigilosa cual mantis, te mira de arriba abajo como si fuera una máquina de rayos X y exclama:
—¿Qué estás enferma? Te veo muy delgada.
Y tu piensas: ¡Me cago en tu puta raza, pedazo de trozo de cacho de perra!
Si señores. Esos especímenes también existen. Yo los mataría a todos.
O sea, si estás GORDA te lo dice a la cara para que te hundas, y si adelgazas, te está llamando enferma, dejándote caer, que has caído en la anorexia, o la bulimia para perder peso. ¿De verdad? ¿Eres gilipollas o te lo haces? No sería más sencillo y agradable para todos, ¿aplicar la filosofía de vive y deja vivir?
Si estoy gorda, porque estoy gorda, y si pierdo kilos, soy una enferma. Pero vamos a ver, ¿en qué cojones quedamos? ¿Qué tengo que hacer para que dejéis de verme con malos ojos? ¿Arrancároslos? Estoy comenzando a planteármelo, me ahorraría tener que pasar malos tragos, miraros con la sonrisa falsa que tanto odio y que ya cada vez me sale peor. 
No puedo evitarlo, me faltas al respeto, pues no esperes que mi cara sea de alegría. Mi cara, al igual que yo, te está mandando a la mierda, al infierno y a que Chuck Norris te meta una paliza por imbécil.
La cuestión primordial de todos esos comentarios, es criticar. 
Sí, el pasatiempo universal del ser humano. ¿Por qué guardarnos comentarios despectivos e hirientes, si podemos soltarlos por nuestra enorme bocaza llena de mierda? Total, sí esa persona está gorda, alguien tendrá que decírselo, ¿no?
A eso yo lo llamo una falta de inteligencia. El que insulta, veja y maltrata psicológicamente a una persona con sus palabras, es un imbécil redomado con coeficiente intelectual de 0.
No vamos a decir que no lo puedas pensar, ¡dios me libre de decir que controléis vuestros pensamientos! Simplemente, ciertos comentarios, dejadlos guardados en vuestro diminuto cerebro. ¿Piensas que estoy gorda? Vale, pero no lo digas. Porque si lo dices, ya me estás faltando al respeto, creando en mi un complejo que puede llevarme a una enfermedad más grave y además me das el derecho de poder darte una somanta de palos por capullo.
No voy a decir que yo no critique en mi mente, ¡no soy tan falsa, por el amor de dior! ¡Claro que critico! Nadie en el inmenso planeta tierra está libre de pecado, y como he dicho, es el pasatiempo universal que todos, cuando nos aburrimos, llevamos a cabo.
Triste, pero cierto.
Sin embargo, hay extremos y extremos...Meterse con deficiencias, físicos y estados mentales, es un extremo que no me gusta cruzar, porque sé lo que es no quererse a uno mismo. Sé lo que es sentir que no vales una mierda, creerse inferior al resto de la humanidad y crear un muro interior para que nadie lo traspase.
¿Eso es lo que quiere esta gente? ¿Qué nos autodestruyamos? Pues conmigo, no lo van a conseguir.
Puedo caerme cientos de millones de veces, pero tarde o temprano me levantaré y será todas las veces que haga falta a lo largo de mi vida.

Tengo muchos defectos, pero no hace falta que tú me los eches en cara para joder. Tengo espejo, sé mirarme y sé cómo soy, pero puede que tú, seas cómo una vampiro, no te reflejas en el espejo y por eso no sabes cómo eres en realidad; una persona infeliz, alguien que tiene que insultar y vejar a los demás para sentirse importante en la vida.


P.D: Ya van 14 kilos 800gr :D Y por primera vez en mucho tiempo, he ido a una tienda de ropa de tallas "pequeñas" y me he metido una camiseta de la talla L que me queda de vicio de Iron Maiden :) ¡Olé yo! 
Y fijaos si comienzo a verme bien a mí misma, que incluso me he comprado un bikini. Hace seis años que uso bañadores y por fin, me importa un bledo enseñar mi panza. A quien no le guste, que no mire.

¡Hasta la próxima mis Fat Girls!


Melanie Alexander


24 de julio de 2014

Diario de una Fat Girl #2

¡Hola amores!

Primero de todo, gracias por la acogida de la primera entrada de Diario de una Fat Girl, me enorgullece no ser la única que piensa así y me encanta que me dejéis un comentario con vuestras opiniones. ¡Cómo se nota que no soy la única que ha sufrido lo mismo! Por desgracia, el mundo está lleno de Fat Girls y también las que están en el bando contrario.

Hoy toca despotricar sobre otro tema: La industria téxtil.

Tengo claro que el factor principal para crear complejos en una persona, obviamente son las personas; los que insultan, los mamones sin vida propia que joden por diversión, pero también hay otros, y estos son La Industria Téxtil, esa que fabrica las maravillosas prendas de ropa.
Esto es un ejemplo de lo que pasa cuando una gorda como yo, va a comprar ropa.
—Buah tía, ¿has visto que pantalón más guapo?
—Si tía, es total. ¡Vamos a comprarlo!
Te acercas a la dependienta y le dices:
—¿Me puedes sacar la talla más grande que tengas?
La dependienta pone cara de Orco, te mira de arriba abajo, te mide con la mirada, se encoje de hombros, frunce el ceño, te mira con cara de pena y contesta:
—Lo siento, solo tenemos hasta la 40.
Y se va tan pancha.
Aun así, coges el pantalón, te vas al probador, y rezas a todos los santos, a los dioses, hasta a Satán, mientras intentas meterte el diminuto pantalón por las pantorrillas. Notas como se te queda atascado y comienzas a sudar como si estuvieras en una Sauna, gritas, sollozas, metes porrazos al probador mientras la chica que se está vistiendo a tu lado grita ¡Un terremoto, un terremoto!
Al final te rindes, y una vez más, te vas sin una mísera pieza de ropa, con depresión, llanto y ganas de arrancar la cabeza del primero que se cruce en tu camino.
Y ahora es cuando yo digo, ¿qué cojones os cuesta, señores fabricantes, poner un poco más de tela?
¿Es pecado? ¿Se os van a romper las máquinas de coser por añadir diez centímetros más de tela? No, ¿verdad? Al fin y al cabo la ropa la hacen robots. Un par de reconfiguraciones de su sistema, ¡y listo!
¿Y por qué no lo hacéis? ¿Por qué dejáis que las rellenitas nos acomplejemos todavía más? Y otra cosa, ¿por qué coño la ropa de tallas grandes es de abuela ochentona (sin menospreciar a las abuelas, pero hay edades para todo)? ¿Creéis que no podemos estar bellas con la misma ropa que lleva una chica de la talla 38? Pues os equivocáis. Podemos estar incluso mejor, ¿que por qué? Pues por que nosotras llenamos por completo vuestros diseños, les damos el toque femenino que una mujer sin curvas no puede darle, le damos NIVEL.
Sí señores diseñadores, las curvas son bonitas, son preciosas, bajen de la nube en la que posan sus delgadas posaderas, fijaos en la gente que os rodea y reflexionar ante vuestra idea de cómo debe ser una mujer. La mayoría, tenemos curvas, grasa, estrías y todo tipo de imperfecciones, pero somos mujeres que quieren vestir como el resto de mujeres (cada una a su estilo, eso está claro).
Lo que no puede ser es tener que irme a una tienda de tallas grandes, (que son a partir de la 44, para fliparlo en colorines por que la talla 44 no es para nada grande) y ver prendas que me dan vergüenza ajena. Con 22 años, no quiero ir con anchas camisetas de flores horteras, ni pantalones tejanos con lentejuelas en el culo. ¡Son horribles! Haced las mismas prendas que hacéis para las delgadas, coño. ¡Las vamos a lucir igual, nos queden mejor o peor, hostia ya! Si nos quedan mal, es nuestro puto problema, no el vuestro. ¿No queréis vender? Pues así venderíais más vuestra estúpida ropa hecha en China hechas con telas de mala calidad.
Y ya no solo eso, ahora os cuento una experiencia...
En el centro comercial La maquinista, de aquí de Barcelona, donde yo vivo, encontré al fin una tienda de tallas grandes con ropa ¡preciosa!. A lo mejor la conocéis, se llama Kurokai. Pues bueno, iba yo toda contenta a comprarme allí cosas, y la verdad, salía súper alegre porque usaba la talla más pequeña de la tienda, la 44, pero no con todas las prendas.
Había prendas que me encantaban y cuando me las probaba, todo me quedaba ENORME...sí, como oís, ENORME, y yo pensaba. ¡Qué bien, he adelgazado! Entonces me iba a la tienda de tallas pequeñas, y ¿cuál era mi sorpresa? Seguía sin caberme nada.
Entonces me pregunté, ¿qué cojones pasa? ¿Porque en la tienda de gordas no hay mi talla, ni tampoco en la de esqueletos? ¿Qué está pasando? ¿Soy una rareza?
Pues no señores, soy rara, pero no en ese aspecto. Lo que pasa es que las Tallas, son la gran mentira de la industria téxtil. Vete a una tienda cualquiera, coge la talla 42, y después vete a otra cogiendo la misma talla y ponlas juntas. SEGURO que no son iguales, una será más grande, y la otra más pequeña.
¿Qué por qué lo digo? Pues por que es así. Con 14 años me compré una falda, talla 38 en Bershka, (sí, aunque para el mundo juvenil era una gorda, utilizaba la talla 38), y esa falda, hasta los 21 años, que fue cuando la tiré, me la he podido poner, y según otras tiendas, mi talla ya era la 46.
Reflexión: o la ropa del Bershka es mágica, o es más mala que la leche, se da de si, pero al menos, sirve para pasados los años si no se te ha roto por el camino.
Aun con todo este rollo que os estoy echando, es una sensación horrible no poder comprarte la ropa que te gusta porque no está tu talla. Ese es el suplicio de las que estamos gordas.
Reitero lo dicho, ¡MÁS TELA! ¿Tanto cuesta? ¿De verdad? ¿O simplemente es una sutil estrategia para seguir acomplejándonos? Esas cosas también son las causantes de los trastornos alimenticios y de las depresiones. Cada vez que no me entra algo que me quiero comprar me entra una impotencia, que acabo llorando. ¡Es asqueroso! Pero lo peor, es la deferencia de las grandes industrias, de la gente que nos pone etiquetas por tener un cuerpo distinto al que tendría que ser, "según ellos", el cuerpo perfecto.
Sí la belleza es estar como un fideo de gallina blanca del número 2, ¿por qué Botticcelli pintó a una Venus con curvas y rellenita? ¿Eh? Pensad vuestra respuesta...
Ahora diréis que eran otros tiempo. Vale, de acuerdo, pero en esos tiempos la sociedad tenía más neuronas que la de ahora. La era de la tecnología solo hace que crear cabezas huecas, superficiales y materialistas.
Venus es la diosa de la belleza y del amor. Sí, esa que tiene por hijo a cupido, el de las flechas, el que según la mitología Griega unía a las parejas. Pues ella, señores, está representada por una gorda como yo. Así que cuidado, que soy Venus y como me jodáis, os jodo yo el amor aun siendo una romántica empedernida.
Han creado un estereotipo de mujer que apenas existe.
Mirad a Beyoncé, coño. ¡Esta buenísima! ¿Y qué tiene? CURVAS. Tiene unas curvas de escándalo por las que los hombres, y hasta las mujeres, querrían derrapar, y a ella la prensa muchas veces la ha llamado GORDA. ¿En serio? ¿Beyoncé gorda? ¡Pues que vivan las GORDAS! Yo quiero ser Beyoncé. La prensa no tiene nada mejor que hacer que meterse con el cuerpo de las celebrities. ¡Qué se metan con las operadas, coñe! Que hay cada una que no veas, yo hubiera matado al cirujano. Pero bueno, que me voy de tema.

Estoy harta de no encontrar la ropa que quiero, de tener que comprarlo todo por Internet porque ahí, señores de las industrias y tiendas españolas, ¡hay de todas las tallas! Hay vestidos entallados, corsés, pantalones, ¡de todo! ¡Y monísimo de la muerte! Incluso mejor que lo que encuentras en las tiendas. ¿Y sabéis qué? Por imbéciles, os quedáis sin beneficio. Hala, a joderse y aguantarse mientras yo me compro los vestidos que me gustan, aunque parezca un chorizo pamplonica. Yo me siento bien, y eso es lo que importa. ¿Qué no te gusta cómo me queda un vestido, o un corsé? Tápate los ojos, o cómete la pared de una fuerte hostia. ¡Me importa un comino! Si quiero ir en bragas, iré en bragas aunque dañe la sensibilidad de algún transeúnte. Al final, eso es lo que pretendéis, que nuestros armarios se llenen de ropa que ni vuestras abuelas se pondrían, que nos quedemos en casa, no salgamos y nos revolvamos en nuestra propia mierda pensando qué por qué somos gordas.
¡Pues se acabó!
¡No caerá esa breva, señores! ¿Por qué tenemos que esconder nuestras curvas y nuestra grasa? ¡No me da la gana! ¡Ya no! 

Hala, hasta luego corazones.

Dentro de unos días la Fat Girl seguirá dando guerra.

¡Qué tengáis un buen jueves!

Prostata: ¡Ya van 14kilos menos!


Sí todavía no habéis leído la primera entrada de Diario de una Fat Girl, clicad AQUÍ.


Melanie Alexander







21 de julio de 2014

Diario de una Fat Girl

Hoy estreno sección.

Sí, el título es algo llamativo, lo sé. Pero esto va a ser como un diario. Para los que su inglés no sea muy avanzado, Fat girl es chica gorda.
¿Por qué este título? Pues mira, así me han llamado toda mi vida y me he dicho, ¡vamos a sacarle un lado divertido a todo esto! Además, ahora que estoy haciendo dieta, y ya he perdido 13 kilazos ( olé por mí), voy a despotricar por aquí que da gusto.

Verano es = a, playa, piscina, helados....O eso dicen los delgados... Yo este verano, ni helados, ni tapitas en las terracitas de los bares, con sus patatas bravas y los deliciosos chocos rebozados a los que les hecho un limón entero. ¡Y por supuesto, nada de cocacola, ni alcohol, ni resfrescos! ¿Triste, verdad? Pues eso digo yo.
A mi corta edad, veintidós años para ser exactos, he hecho incontables dietas. Sí, es lo que tiene ser pasto de burlas de los crueles niños y adolescentes que plagan los colegios. Es triste llegar a casa llorando porque fulanito joputa te ha llamado gorda delante de toda la clase, se ha reído de tí y encima para ponerle la guinda al pastel, te ha tirado de las coletas con toda la mala hostia que la fuerza de Hulk le proporciona a su maldad.
Puede que mi primera dieta la comenzara a los diez años, ni me acuerdo...Normalmente aguantaba una semana. ¡Tengo una gran fuerza de voluntad!(nótese la ironía). Pero bueno, con diez años me lo perdono, era una cría, me gustaban las chucherías, las patatas, los donetes, los bollycaos, las apetinas, las pipas tijuana repletas de la salsita esa...¡Vamos, que me lo comía todo! 
Eh...sin pensar mal, que tenía diez años...
Era imposible crear en mí una rutina de alimentación saludable. ¡Las porquerías están buenas, coño! 
Señores fabricantes de guarradas, no las hagan tan buenas por favor. La gente con tendencia a engordar es débil, y sus productos, por desgracia, abastecen nuestras necesidades ansiosas de meter mierda en nuestro cuerpo que después se queda incrustada como una sangijuela en la panza, culo y hasta en los tobillos. ¡Al menos podrían hacer crecer las tetas, por que de eso, mi genética se ha quedado corta, copón! 
Pero dejémonos de tonterías. cuando era pequeña, aun siendo gorda, era la más flexible de mi clase, como decía mi madre: el chocho me hacía ventosa en el suelo al abrirme de piernas. Tenía una elasticidad digna de Almudena Cid, iba a Gimnasia Deportiva, hacía todos los ejercicios a la perfección aun con mi supuesta gordura. ¡Era lo más de lo más! 
Pero claro, las apariencias siempre tienen que joder la marrana y la mala gente piensa que, si estás gorda, no puedes ni levantar una pierna para subir el escalón. Pues señores, se equivocan, yo hacía eso y mucho más. Era de las niñas más activas de mi clase. En educación física, sacaba notable (excelentes no, porque cuando tocaba la prueba de resistencia fingía ataques de asma). ¡Adoro hacer ejercicio!
No tiene nada que ver estar gorda con ser una persona vaga. ¡Me gusta el ejercicio! ¡Me encanta bailar, saltar, patinar, nadar! Y aun así, estoy gorda...Vale, puede que el hecho de zampar toda esa porquería que se pega como una sangijuela tenga la culpa, pero es lo que hay. Al menos me muevo. 
¿Pueden todas las delgadas decir eso? Seguro que no. 
De pequeña, cuando me insultaban (justo antes de irme llorando a casa, deprimida totalmente), les echaba en cara mi fantástica agilidad a la hora de hacer gimnasia, una pobre forma de intentar sentirme mejor conmigo misma, pero obviamente, después venían los lloros.
Ahora lanzo mi pregunta, ¿por qué el ser humano es tan cruel? ¿Por qué meterse con la envergadura de una persona? ¿Te molesta que esté gorda? ¿Perjudica tu salud? ¿Crees que te se va a pegar la gordura? 
Ahora esto va para todos aquellos que insultan por mera diversión, por hacerse los interesantes delante de los colegas, o simplemente porque sus vidas son tan tristes que tienen que meterse con las vidas de los demás para creer que la suya siempre será mucho mejor. 
Primero de todo, antes de insultar a alguien con kilos de más, debéis pensar en las diversas cargas que lleva sobre sus hombros. No es solo el peso lo que se ve. Esa persona a la que TÚ estás faltando al respeto puede tener una enfermedad, puede tener un síndrome depresivo grave que lo lleve a comer, puede ser ansiedad. Pueden ser cientos de factores los que hagan que una persona engorde sin poderlo controlar, y TÚ que insultas, debes mirarte primero al espejo, y si nunca lo has hecho, te aseguro que descubrirás todos tus defectos, a no ser que antes, si encuentras a una GORDA que se defienda, sea ella quien te los eche en cara. Puede que cuando esa GORDA te haya dicho cuatro verdades te quedes sin habla, sin embargo, TÚ querrás tener la última respuesta; optarás por lo fácil. ballena, orca, foca...pero no Gorda, ¡quedaría muy ridículo que te repitieras! Lo mejor es agudizar el ingenio al máximo, y sacar partido a tu diminuto cerebro buscando sinónimos de la palabra gorda. Pero eso, si conoces lo que es un sinónimo, sino, te quedará la opción de entrar en modo repetición y llamar Gorda de nuevo a quien te ha puesto los pies en la tierra, e incluso perseguirla sin descanso repitiéndolo como un loro idiota que no es capaz de memorizar ninguna palabra más.

Es duro ser gorda, ¿sabéis? Es duro mirarte en el espejo y sentir asco de uno mismo, y eso los insultos lo empeoran, mucho.
Imagina a esa chica a la que has llamado gorda que se ha marchado llorando a casa por tu insulto. Llega a su casa, come todo lo que encuentra en la nevera, le duele el estómago, llora, se siente culpable y vomita...¿No es bonito no? Pues eso lo provocan las palabras de la gente ignorante. Así comienzan los complejos en las personas, así comienzan la bulimia y la anorexia, así comienza una gorda a matarse.
Yo he tenido la suerte de ser una gorda que no ha caído en eso, pero lo he visto, lo he vivido, y me cago en la puta raza de la gente que merma la confianza de una persona para que llegue hasta ese grado de desesperación. Yo no voy a negar que en algún momento de mi adolescencia pude pensar en hacerlo, pero bah, ¡para qué! ¡Me gustaba comer, cojones! Y la verdad sea dicha, soy de lo más malo para vomitar...No me compensaba esforzarme tanto cuando tenía al alcance de mi mano una deliciosa pizza de cuatro quesos.
Pero no todo el mundo es como yo, que se guarda la comida hasta que hace la digestión, no. Hay gente que por culpa de especímenes como esos, (no se les puede llamar personas), caen en un pozo sin fondo, se deprimen, enferman y pueden llegar a la locura. Es triste, pero cierto.
Yo no he caído hasta ese punto, pero si que todos esos insultos han creado en mi un complejo tremendo, mirarme al espejo y llorar, odiarme a mi misma por no tener fuerza de voluntad, convertirme en copito de nieve por no tener el valor suficiente de ir a la playa o a la piscina a tomar el sol y enseñar mis preciosas carnes. Todo eso, la gente que es mala, lo provoca. Te hacen sentir inferior, menos que nada, ser un cero a la izquierda. Te convierten en una persona retraída, que esconde los sentimientos, que tiene miedo ha hacer cosas por el qué dirán.
Pero un día me di cuenta de que todo eso no hacía más que hacerme más fuerte.
Sí, he llegado a pesar 91 Kilos. La ropa no me entraba. Llevo años sin ir a tiendas de ropa por no deprimirme cuando no me entra un pantalón, me compro todo por internet, los leggings son mis mejores amigos y las camisetas anchas. Hasta que hace dos meses dije BASTA. No puedo seguir así. Quiero comprarme vestidos entallados, quiero ponerme mis corsés y cortar el aliento con mis curvas. ¡Quiero sentirme bien!
Llevo dos meses a dieta, más de trece kilos perdidos y estoy estupenda, y no, no lo estoy haciendo por nadie. Lo estoy haciendo por mí, para poder lucirme, para ser quien quiero ser y no sentir vergüenza por tener lorzas que sobresalen cuando me pongo algo estrecho. Por que vale, hay gordas felices, pero yo no lo era. No podía soportar mirarme al espejo, maquillarme toda mona y ponerme una ropa que apenas me sentaba bien. Me he cansado de pasar desapercibida, quiero romper las reglas, quiero vestirme como una zorra y enseñar. Sí, lo que oís, ¿no es lo que se lleva? ¿vestir como una zorra? Pues bueno, yo me uniré a la moda.
Sin embargo, tranquilos, no pienso quedarme en los huesos, tampoco tiro tan alto, y tampoco me gusta. Las mujeres debemos tener curvas, pienso que no hay nada más sexy que una caderas pronunciadas y sensuales. Eso sí que es bonito, no lo que la industria téxtil nos quiere vender como la perfección. ¿90,60,90? ¡Y una mierda! Eso no es bonito señores, no lo es ni de coña. Ustedes hacen que las modelos tengan anorexia, que se obsesionen y que encima se sumen a la idea de que la gordura es fea. 
Pero bueno, el tema de la industria textil, las tallas y todo eso (que tiene tela telita), lo dejaré para otra entrada, porque de eso, también tengo mucho que decir.

Me he cansado de callar, me he cansado de gente gilipollas sin vida, y por eso he escrito esto. Sé que muchas se identificaran conmigo. El ser humano es muy cruel, demasiado, pero la sociedad es la que nos hace, y por desgracia la sociedad que nos rodea busca la perfección dónde no la hay. Somos seres Perfectamente Imperfectos (mira como mi próxima novela). No puede existir la perfección sin las imperfecciones. Todos somos iguales, pero también diferentes y de verdad, a todos los capullos que os metéis con el físico de los demás, ya sea porque está muy delgado, muy gordo, sea feo, tenga un ojo bizco, o tres tetas, pensadlo antes de decirlo. Porque vuestras palabras pueden ser las causantes de crear un problema mayor, de un complejo que quizá nunca desaparezca, y si aun así seguís, ojalá alguien os haga ver la realidad y os hunda en lo más profundo, así al menos sabréis lo que se siente.

Y por último quiero dar las gracias a varias personas. Doy gracias a todos aquellos que me insultaron desde los seis años, hasta los dieciseís, tanto en el colegio, como en el instituto. Sí, os doy las gracias, de verdad. Os doy las gracias porque reflexionando y pensando en vosotros, me he dado cuenta que sois unos imbéciles, que siempre os habéis creído los mejores y faltarme al respeto os daba el subidón delante de los colegas. Me hundisteis, me hicisteis caer, me deprimisteis y llegué a odiarme a mí misma, pero también me hicisteis más fuerte. Dejé de ser la niña/adolescente frágil y sensible, para convertirme en una Pantera, en una guerrera que lucha por salir adelante, que mantiene la cabeza bien alta ante las adversidades y que ya no se calla ni debajo del agua. Sí, me he vuelto guerrillera y todo gracias a todos vosotros, gente de Las Palmeras y del Numancia. 
Nunca, NADIE, va a volver a pisarme, porque yo y mis kilos de más os aplastaremos.
No es una amenaza, solo es un aviso y quien avisa no es traidor, señores.
Una vez más gracias. Gracias por hacerme ver lo inútiles que sois. Sois poca cosa y siempre lo seréis si seguís así. A lo mejor habéis cambiado, ojalá. No se puede ser un adolescente hijo de puta para siempre, sin embargo, el daño ya me lo hicisteis y por eso ahora os mando yo a la mierda.

¡Y con esto y un bizcocho, me he desahogado que da gusto!



Melanie Alexander 

Nueva reseña de "Recuerdos"

¡Y más cositas para hoy!

Osh, es que ayer fue un domingo muy intenso. Cualquiera diría que los domingos son para perrear, pero ayer para mí, fue muy completo.

"Recuerdos- El grimorio de los dioses I", sigue levantando pasiones. Olympia sigue dando guerra y las féminas siguen cayendo rendidas a los pies del sexy vampiro Carel. 
Esta vez la reseña viene de la mano de Raquel Rubio del blog Una Valkyria perdida en el Migdard.
En su maravilloso blog encontraréis reseñas, crónicas de los evento a los que asiste y un largo etcétera de cosas. 
Aquí os dejo un trocito de sus maravillosas palabras, y como siempre, más abajo os dejo el link para que leáis la reseña al completo:

Siempre digo que un buen libro es aquel que transmite lo que la escritora siente mientras nos va contando la historia, y este lo consigue. En todo momento he podido vivir lo que Olympia, esos instantes en los que sufría, en los que estaba feliz aún sin saber del todo por que, el miedo que había en ella... No se... Creo que una novela como dios manda, en este caso los dioses, es aquella que te envuelve y te mete absolutamente dentro de su historia, y es lo que Mel ha conseguido en todo momento.






No puedo más que dar las gracias por esta preciosa reseña que me ha hecho sonreír durante horas. Adoro cuando la gente siente exactamente lo mismo que yo sentí al escribir El grimorio de los dioses. Gracias Raquel.

Aprovecho para recordaros dónde podéis conseguir los libros.


Los libros están disponibles tanto en digital como papel, para todo el mundo. ¡No tienes excusa!


¡Mordiscos!

Melanie Alexander


12 de julio de 2014

Mini Crónica 1ª Presentación Locas por la Lectura

Toc, toc...¿se puede?

Esto, hola...soy Melanie Alexander, sí...esa...la de El grimorio de los dioses...La tía esa que desaparece del mundo blogger por largas temporadas de lo perrancana que es.
Ah, ¿Qué no me conocéis? Pues bueno, yo posteo igual.

Jajaja.

Fuera bromas...Vamos a algo serio. 

Al fin estoy aquí de nuevo después de meses sin dar señales de vida. Mi ausencia ha sido justificada, ¡estoy escribiendo una barbaridad y prefiero no pararme con distracciones! y al fin y al cabo, esto me distrae porque, tal y cómo parece que me va a pasar ahora, me enrollo más que una persiana. Sin embargo, hoy ha sido un día súper especial, divertido y que me apetece comentar con todos vosotros.



Hoy, gracias al club Locas por la Lectura, he vivido un intenso día en el que nueve autoras, hemos presentado nuestras novelas , reído, hablado de locuras en un ambiente de lo más especial en un hotel maravilloso como es el Pulitzer de Barcelona.

















Primero ha sido el turno de las estupendas blogueras que nos acompañaban, Feli, Araceli y Yolanda, en el que nos han explicado cosas sobre sus blogs, su forma de reseñar y anécdotas de Higlanders, Escoceses y troncos que nos han desternillado de la risa.


Después ha llegado la presentación de las cinco primeras autoras entre las que me incluyo.
Todas hemos hablado sobre nuestros bebés, reído y divertido muchísimo y en las dos tandas que hemos hecho, la cosa ha sido de lo más amena y divertida.
En serio, me duelen las mejillas de tanto reirme de grandes ocurrencias como las de Rosana Ample, Pepa e Iris...¡Menudas cracks!

Además de todo, he vendido libros, que eso siempre mola y sobre todo poder firmarlos. 
Se me ha hecho demasiado corto, la verdad. Podría haberme pasado allí durante todo el día, junto a ese grupo de locas que nos ha hecho disfrutar en un evento genial. Si fuera por mí, aun seguiría allí.
Pero todo lo bueno tiene su fin, pero me llevo el cariño, las conversaciones y toda las buenas vibraciones de la gente que ha asistido, participado y creado el evento.


¡Ha sido genial! Helen C. Rogue, D.W Nichols, Rosana Ample, Iris T. Hernández, Eva P. Valencia, Estefanía Yepes, Pepa Fraile y Mel Caran, ¡sois geniales! Os deseo muchísimo éxito y espero veros en muchas presentaciones como esta. ¡Lo valéis un montón!
Y las locas, Vero, Pilu, Elisenda, Minerva, Mar, Gemma y un largo etc... ¡Sois un amor! 
Gracias por organizarlo todo y por hacer que autoras como yo, que apenas estamos empezando en este mundo, nos sintamos como en casa.


¡Mordisquitos!


Melanie Alexander

 
El Rincón de Melanie Alexander : Design Alicia Vivancos